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¡Bienvenidos a mi página web! Soy docente y médica comprometida con la formación de futuros profesionales de la salud y con la mejora de la atención médica en nuestra sociedad. En esta plataforma, que funciona sin ánimo de lucro, encontrarás materiales de apoyo que he desarrollado con el propósito de hacer el camino un poco más fácil de transitar.

Creo firmemente en una educación médica integral, en la que el aprendizaje va más allá del aula. Mi objetivo es fomentar la participación activa de mis estudiantes en su formación, brindándoles herramientas que no solo los ayuden a convertirse en excelentes profesionales, sino, ojalá, en mejores seres humanos. Espero que este espacio te sea de utilidad para tu crecimiento académico y personal. Si tienes preguntas o necesitas más información, no dudes en contactarme.

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William Osler les decía a sus estudiantes de Medicina que “la Medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad”. Hoy en día, los médicos seguimos identificándonos con esta frase. La incertidumbre es una constante en la toma de decisiones; tal vez nos acostumbramos a trabajar con ella, pero la capacidad de gestionarla dependerá del análisis juicioso que hagamos de todos los factores involucrados en la atención del paciente (evidentes y percibidos).

La historia clínica es incierta, el examen físico es incierto, los estudios complementarios son inciertos, el diagnóstico es incierto, los tratamientos son inciertos e incluso la anatomía es incierta. La medicina trata con probabilidades y suposiciones informadas, pero no con certezas. (Ghosh AK. Understanding medical uncertainty: a primer for physicians. J Assoc Physicians India. 2004;52:739-42)

Les comparto esto...Será menester poner en duda la distribución originaria de lo visible y de lo invisible, en la medida en que ésta está ligada a la división de lo que se enuncia y de lo que se calla: entonces aparecerá en una figura única, la articulación del lenguaje médico y de su objeto... La medicina moderna ha fijado su fecha de nacimiento cuando reflexiona sobre sí misma, identifica el origen de su positividad a una vuelta, más allá de toda teoría, a la modestia eficaz de lo percibido...Focault, M. El nacimiento de la clínica, 1963.


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Caso ejemplo número 1 para reflexionar: 

María, una mujer de 45 años, con antecedente de sobrepeso, llega a la consulta de un colega médico con 6 meses de quejas de fatiga extrema y dolores osteoarticulares predominio medianas y grandes articulaciones, de características mixtas (aunque predominan las características mecánicas), no rigidez, no fiebre, no pérdida de peso, no sudoración, no otros asociados. Su sueño no es reparador y percibe palpitaciones ocasionales al tratar de conciliarlo, ceden de forma espontánea y no se acopañan de dolor torácico, estos síntomas no cambian con la actividad física. No tiene sintomas gastrointestinales ni respiratorios asociados. Durante la entrevista inicial, María parece inquieta, evita el contacto visual y sus respuestas son breves y vagas. Aunque su enfoque principal está en los síntomas físicos, ocasionalmente menciona preocupaciones sobre su familia. Al examen físico, sus signos vitales son correctos, se mueve con algo de dificultad y muestra signos de malestar sin ubicar un punto exacto al quejarse del disconfort. Destaca al examen fìsico chasquido articular en ambas rodillas y dolor a la flexión completa sin derrame articular. También múltiples puntos gatillo, no otros asociados. El colega solicita rx que confirma artrosis de rodilla bilateral, le indica que debe bajar de peso, le prescribe 10 sesiones de terapia física, viscoelásticos, acetaminofén y valoración por ortopedia posterior a la finalización de la terapia. 

Preguntas para reflexionar:

Este caso resalta la importancia de la escucha empática y la observación de señales no verbales en la práctica médica. Aunque María presentaba síntomas físicos claros, su lenguaje corporal y actitud reservada sugerían la presencia de preocupaciones subyacentes. Un enfoque más integral habría permitido una exploración más profunda de su estado emocional y social.

Uno de los aspectos fundamentales en la atención de enfermedades crónicas con un fuerte componente emocional es nombrar y explicar estos factores. Muchos pacientes experimentan alivio al comprender que síntomas como fatiga, insomnio o dolor pueden estar relacionados con ansiedad, depresión o estrés. No se trata de descartar lo físico, sino de ayudar al paciente a integrar su salud emocional y corporal en un mismo contexto.

Cuando el médico no reconoce y no nombra el componente emocional, los pacientes pueden quedar atrapados en un ciclo de pruebas, interconsultas y tratamientos sintomáticos sin una mejoría real. En este caso, María padecía un trastorno de ansiedad secundario a una crisis emocional relacionada con la infidelidad de su pareja, un factor clave que no fue explorado en su primera consulta.

Reconocer y atender las necesidades emocionales de los pacientes no solo mejora la calidad de la atención médica, sino que también fortalece la relación médico-paciente y promueve mejores resultados de salud. Integrar preguntas abiertas, validar las emociones y explicar el impacto de la ansiedad o la depresión puede marcar la diferencia en el bienestar de nuestros pacientes.

Caso ejemplo número 2 para reflexionar: 

Pedro, paciente de 51 años de edad, con antecedente de sobrepeso e HTA estadío I sin compromiso de órgano blanco conocido. Consulta por un dolor torácico anterior de reciente inicio tipo punzante, no irradiado EVA 3-5/10, el dolor no se relacionaba con el ejercicio, duraba más de 48 horas y aumentaba con la elevación del brazo derecho y la inspiración profunda. Negó síntomas respiratorios, gastrointestinales o sistémicos asociados. Al interrogatorio dirigido, la paciente señaló que, para bajar de peso y mejorar el control de la hipertensión, había adoptado una nueva y rigurosa dieta y un programa de ejercicio desde hace varias semanas con entrenamiento mixto. 

Al examen físico, su presión arterial era de 142/85mmhg y la exploración física fue normal, salvo que al elevar el brazo derecho y palpar la pared torácica, el dolor se reproducía. El electrocardiograma fue normal. El perfil de lípidos fue normal al igual que la proteína C reactiva ultrasensible. El diagnóstico inicial fue de dolor torácico atípico, probablemente de origen musculoesquelético. El colega le explico a la paciente que de igual manera "por si algo" la enviaba con el cardiólogo, quien solicitó una tomografía de coronarias, que demostró placas coronarias calcificadas y no calcificadas en varias localizaciones. Posteriormente, solicitaron una coronariografía, sin anormalidades relevantes que se complicó con disección de la arteria coronaria principal izquierda por lo que requirió un injerto coronario de emergencia. Su curso clínico subsecuente fue complicado con insuficiencia cardíaca y finalmente requirió un trasplante ortotópico de corazón por insuficiencia cardiaca resistente al tratamiento.

Ahora piensa en lo siguiente: 

¿Puedes justificar o no la conducta del médico que realizó la remisión a cardiología? 

Consideras que si el médico inicial o el cardiólogo hubiera aplicado un razonamiento heurístico adecuado, con un anclaje y ajuste correcto, ¿hubiese tenido el mismo desenlace?

¿Qué recomendarías a los médicos involucrados en el caso para no volver a cometer los mismos errores?

Formación

Médica y Cirujana: Universidad Libre

Especialista Medicina Interna: Universidad Icesi

Magister en Educación: Universidad Icesi

Estudiante del Doctorado en Educación USB 

Todos nos hemos preguntado alguna vez, de un modo u otro, cómo se justifica que un determinado acontecimiento o una determinada acción sean educación. Cada uno responde a esa pregunta desde sus ideas, sus creencias, sus intereses, etc. No importa cuál sea el nivel de elaboración de la respuesta, pero todos nos enfrentamos y respondemos a esa pregunta en algún momento de nuestra vida. Para la Pedagogía, como disciplina del conocimiento de la educación, esa es una pregunta que hay que hacerse, no por mejorar nuestro modo de conocer, ni por mejorar nuestro modo de actuar, sino porque la educación forma parte de nuestras vidas y queremos saber qué significa y por qué hacemos lo que hacemos, cuando educamos. Todas las personas, de una u otra manera, educan, incluso aunque no sepan por qué, haciendo lo que hacen, educan y aunque no sean capaces de justificar su acción.

Dónde está la educación: actividad común interna y elementos estructurales de la intervención. Jose M. Touriñan López, 2014. Pag: XV.